Eras vos allí en ese sueño. Pero no estabas como siempre. Me refiero a como sos en este mundo, en realidad.
Pero luego tu abrazo me aisló de resto del espacio (si es que en los sueños existe un espacio), y una bocanada de aire, como un acto reflejo, me hizo aspirar lo que querías que yo y sólo yo percibiera.
Entonces, esa fracción de segundo fue un puente hacia tus sentimientos más profundos. Hacia tu realidad dentro de ese sueño. Y pude sentir en mi pecho las náuseas de tu angustia y el golpe de tu dolor.
"...Y camino en laberintos tan desiertos, Déjate llevar... Y la vuelta es inmensa, es eterna, déjate llevar..." (Canción)
Voy a extinguirme como las especies. Éste camino es eterno. Creo que ya he pasado por aquí y por allí también. Todas las huellas son iguales, todos los puentes, todas las piedras, todos los cielos. Sospecho que esto es un laberinto y entonces sólo hay una forma de salir: estallar en mil pedazos por el aire... Nada encontraría afuera para consolar esta locura y frenar este remolino de silencio... Avísenme cuándo vienen. No quiero volver a ser de nuevo.
la espera de los amanecidos... las sombras amorfas, agradecidas al pobre reflejo de la noche. Las aves que no despiertan... el lucero ausente... El falso día lleva la túnica de la noche, oscuro atuendo de plata y azúcar, eco de rumores, de lamentos, de poetas espectrales, de angustias desprotegidas. Pasan las horas de un falso día y queda enfurecido en estos versos el fragil recuerdo de un sol adormecido.
Con los ojos cerrados, las sensaciones se agudizan... pero jamás llegamos a expresarlas del todo... ¿En qué lugar del cuerpo descansan las palabras dormidas? Esa vez, si no hubiese visto esa uñita en el cielo, no se hubiese dado cuenta de que ya era de noche. Olvidar podría convertirse en un pecado al día siguiente. Sin embargo, la calma llegará y habrá un después, las paredes se enfriarán; ella fumará y descansará y su memoria irá haciendo más lejanos y confusos los recuerdos. Las cenizas volverán a ser lo que eran y otros deseos más profundos (o quizás menos), volverán a nacer de alguna parte. Algo descubrió esa noche: "...gozar es otra cosa, es una búsqueda infinita y por suerte, siempre es otra cosa..." Yo me pregunto, Eva, dónde estaban tus sensaciones latentes, ¿cómo se llamaban?. ¿Acaso eso era lo que estabas pensando cuando amanecía?... Porque, cuando por las endijas de la ventana entraba una ténue luz azulada, murmuraste entre sueños: "...para qué queremos la coherencia?...si casi siempre arruina los mejores relatos...".
Nota: La música es parte de la lectura, es un recuerdo.Recomiendo escuchar la canción para acompañar la lectura.
Donde los malvones y pensamientos; donde los helechos y las rosas... allí bailaba y me dejaba llevar por los aromas, las imágenes y el sonido de una canción.
Era mi vestido como una bandera al viento y mis piernas desatándose en lentos semicírculos.
Me gustaba esa canción..., la repetía una y otra vez. La sentía como una ola que llega mansa a la orilla , como una brisa fresca una tarde de calor.
Bailaba y soñaba. Sonreía cuando veía venir esas mariposas y las dejaba pasar por debajo del vuelo del vestido.... O cuando imaginaba mi cuerpo bailando con los ojos cerrados. Bailaba y me zambullía en mi mundo de fantasía. Creo que lo sabía... y más sonreía. Allí dibujaba caras desconocidas, líneas de colores, historias ingenuas, luces, sonidos, palabras...
Con sólo 7 años comprendía la frase que susurraba como una oración por debajo de la música: "...Y si te dibujo sin rostro es porque amo tu interior".
No hubiese recordado ese feliz fragmento de mi infancia si no hubiese visto , una tarde de verano, a Ariana bailar con total frescura en mi jardín, jugando con su sombra dibujada en el pasto. Susurraba una canción que ahora no recuerdo y tomaba la tela de su falda como un pañuelo entre los dedos.
La miré tanto.
Creo que sabía por dónde andaba.
No tardé mucho en encontrar la canción unas horas después... Bailé un largo rato, creo, en aquel jardín lleno de malvones y pensamientos; de helechos y rosas... de tardes solitarias de mi infancia.
Aquí guardo mis producciones... pero esas que tienen que ver con las palabras que vienen desde un profundo silencio. Quienes escriben saben a qué me refiero. El poder lo tiene el lector. Los invito a recorrer los caracoles de mis voces. María Laura.